El plato de la cocina cántabra que en la posguerra era de pobres y ahora se ha convertido en el plato estrella de muchas sidrerías
Más allá de los platos más conocidos de la gastronomía cántabra, como el cocido montañés o la quesada pasiega, la región también conserva pequeños tesoros culinarios llenos de historia. Uno de ellos es el torto de maíz, un plato tradicional que, desde la posguerra, ha acompañado a generaciones de cántabros y que hoy sigue conquistando las mesas, sidrerías y hogares del norte por su sabor sencillo y versátil.
En la posguerra, la alimentación era escasa. La carne era un lujo y predominaban los productos vegetales. En este contexto en Asturias y Cantabria surgió el torto de maíz, un alimento humilde, símbolo de supervivencia, que se ha mantenido en las mesas asturianas y cántabras hasta hoy.
Este bocado tradicional se elabora con harina de maíz, agua templada y sal. En su origen, los tortos se cocinaban directamente sobre la chapa de la cocina, sin aceite, pero actualmente se fríen hasta que se inflan y se doran, consiguiendo un exterior crujiente y un interior tierno.
DE ALIMENTO DE POBRES A ESTRELLA CULINARIA
Durante décadas, los tortos de maíz fueron el desayuno habitual en los pueblos cántabros y asturianos, acompañados de leche o lo que hubiese a mano. Rellenarlos con huevo frito, picadillo o queso Cabrales era un lujo reservado para ocasiones especiales. Hoy, se han convertido en plato estrella de muchas sidrerías y casas del norte.
Su secreto radica en la sencillez y versatilidad: se pueden comer dulces o salados, con carne, miel o queso, y siempre resultan apetecibles.
COMERLOS EN CASA
Aunque nunca las hayas probado, puedes disfrutar del auténtico sabor del torto de maíz preparando la receta en casa. Con ingredientes sencillos y unos pasos fáciles de seguir, tendrás en tu cocina uno de los platos tradicionales más representativos de la región, que ha acompañado a generaciones de cántabros desde la posguerra.
Ingredientes:
- Harina de maíz
- Agua templada
- Sal
- Aceite para freír
Preparación:
- Mezcla la harina con la sal en un bol.
- Añade el agua poco a poco hasta formar una masa blanda que no se pegue.
- Divide en porciones y aplasta cada una con las manos o entre dos paños húmedos.
- Fríelas en aceite caliente hasta que se inflen y se doren.
- Escúrrelas en papel absorbente y sirve al momento.
El truco está en la temperatura del aceite: si está frío, los tortos no suben; si está muy caliente, se queman por fuera sin cocinarse por dentro. Tampoco conviene hacerlos demasiado grandes: lo ideal es que entren en la mano y se puedan comer sin cubiertos.