Devolver botellas vacías y recibir dinero será una realidad: así funciona el nuevo sistema que llegará a España
Devolver una botella de plástico o una lata en el mismo supermercado donde la compraste y recuperar dinero al instante. Lo que hace unos años sonaba a experimento de países del norte de Europa, ya es una realidad en 19 países del continente y acaba de aterrizar en Portugal este mes de abril.
El país vecino ha activado su propio Sistema de Retorno de envases, una medida que obliga a los consumidores a pagar un pequeño depósito al comprar bebidas envasadas y recuperarlo después al devolver el envase vacío. Un gesto sencillo que busca cambiar por completo la forma en la que reciclamos.
Y aunque en algunos supermercados portugueses —incluidos establecimientos de grandes cadenas como Mercadona— ya se han visto estas máquinas, conviene matizar algo importante: no es una iniciativa privada. No pertenece a ninguna cadena concreta. Se trata de un sistema nacional obligatorio que terminará extendiéndose a todos los comercios.
El mecanismo se conoce oficialmente como Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR). Su funcionamiento es tan simple como directo.
Cada vez que compras una bebida en lata o botella de plástico, pagas un depósito adicional de 10 céntimos. Ese dinero no es un impuesto, sino una fianza.
Cuando terminas el producto, puedes llevar el envase vacío a una máquina habilitada en el supermercado. Si el envase está en buen estado, la máquina lo acepta y te devuelve automáticamente esos 10 céntimos.
El reembolso puede hacerse de dos formas: mediante un vale para la compra o, como ya ocurre en Portugal, directamente en la tarjeta bancaria del consumidor.
El objetivo es claro: incentivar la devolución del envase en lugar de su abandono o reciclaje incorrecto.
LA LLEGADA DEL SISTEMA A ESPAÑA
La llegada de este sistema a España no es una opción, sino una obligación legal derivada de los objetivos europeos de reciclaje.
Nuestro país debía alcanzar en 2023 una recogida del 70% de botellas de plástico. Sin embargo, la realidad se ha quedado muy lejos de esa cifra: apenas un 41,3%.
Ese incumplimiento activa automáticamente la Ley 7/2022 de Residuos y Suelos Contaminados para una Economía Circular, que obliga a implantar un sistema de depósito en todo el territorio nacional.
La fecha límite está fijada: noviembre de 2026. Para entonces, el SDDR deberá estar operativo en todos los supermercados de España.
CALENDARIO AJUSTADO
Sin embargo, dentro del sector del reciclaje y la gestión de residuos ya se advierte que el calendario es extremadamente ajustado.
Antonio Romero, portavoz del sistema SDDR en España, pone como ejemplo el caso portugués: “Se lleva años hablando del sistema y, aunque la ley definitiva llegó en 2024, han hecho falta dos años más para poder ponerlo en marcha”.
En España, el proceso no solo va con retraso, sino que además se enfrenta a un bloqueo administrativo que complica aún más su despliegue.
Uno de los principales frenos está en la autorización de las entidades encargadas de gestionar el sistema nacional —como Ecoembes o Procircular—, un trámite que depende de la Comunidad de Madrid, donde estas organizaciones tienen su sede.
LOS BRIKS Y EL MODELO ESPAÑOL
Más allá de los plazos, existe otro punto de fricción importante: qué envases deben incluirse en el sistema.
En la mayoría de países europeos, el SDDR se aplica exclusivamente a botellas de plástico (PET) y latas metálicas. Sin embargo, la normativa española amplía el alcance e incluye también los envases de cartón, los conocidos briks.
Las empresas del sector alertan de que esta decisión podría generar problemas técnicos en las máquinas de recogida, provocando atascos y complicaciones en el sistema.
Por eso, varias voces reclaman que España siga el modelo europeo y limite el sistema a plástico y latas, al menos en una primera fase.
Si nada se tuerce, España vivirá antes de 2026 uno de los mayores cambios en la gestión de residuos de su historia reciente. El acto cotidiano de comprar una bebida incluirá un depósito recuperable, y devolver envases dejará de ser una opción voluntaria para convertirse en parte del sistema de consumo.
Un pequeño gesto de 10 céntimos que, según Europa, puede marcar una gran diferencia en la lucha contra el abandono de residuos y el reciclaje efectivo.