SANTANDER

"Creo que nunca abriré por Semana Grande": el hartazgo de una comerciante de Santander por la suciedad y el ruido en el centro

Restos de botellón en la Plaza Cañadío de Santander

La Semana Grande de Santander llena cada año las calles del centro de miles de personas dispuestas a disfrutar de la programación festiva. Sin embargo, mientras las celebraciones continúan, vecinos y comerciantes del Ensanche han vuelto a alzar la voz para denunciar las consecuencias que, aseguran, deja cada noche el ocio nocturno en el barrio.

A través de las redes sociales, una comerciante del centro de la ciudad ha compartido varias imágenes del estado en el que, según afirma, amanece la calle frente a su negocio durante las fiestas. En ellas pueden verse vasos, envases, restos de comida y basura esparcidos por la calzada y las aceras.

"Así durante nueve días", escribe junto a una de las fotografías. La empresaria explica que numerosos clientes le habían preguntado por qué su establecimiento no ha abierto durante la Semana Grande y asegura que ha tomado esa decisión por las condiciones que se viven durante las madrugadas.

"Empiezo a trabajar a las cinco de la mañana. No me ha apetecido estar dentro y estar sin poder abrir la puerta, oyendo los gritos, las peleas que ha habido y gente hasta las tantas deambulando como zombis", relata en su publicación.

La comerciante explica además que su negocio ya convive habitualmente con el ruido al encontrarse junto a un local de ocio nocturno, pero sostiene que "lo de esta semana ha sido inaguantable", hasta el punto de asegurar que "creo que nunca abriré por Semana Grande", lamentando la situación y pidiendo disculpas a quienes habían querido acudir a su establecimiento durante estos días.

"Los olores han sido insoportables"

La empresaria asegura que ella y el resto de vecinos han amanecido cada día con las calles llenas de residuos.

Según denuncia, las imágenes "no reflejan la cantidad de basura que había por todas partes" y afirma que ha habido jornadas en las que los equipos de limpieza no llegaron hasta pasadas las 12.00 horas, al encontrarse, según indica, completamente desbordados.

Asimismo, lamenta que los malos olores hayan sido constantes durante toda la semana y asegura que le ha dado "muchísima pena" ver el barrio en esas condiciones.

LOS VECINOS DENUNCIAN UNA SITUACIÓN "REPETIDA Y PREVISIBLE"

Las críticas coinciden con el comunicado difundido por la Asociación de Vecinos Pombo-Cañadío-Ensanche, que denuncia que el barrio se convierte cada noche de la Semana Grande en "un auténtico vertedero".

La entidad asegura que las calles acumulan alcohol, basura, cristales rotos, orines, vómitos y un ruido insoportable hasta bien entrada la madrugada, preguntándose si los vecinos del Ensanche "merecen menos protección" que los de otras zonas de la ciudad.

En este sentido, la asociación compara la situación con El Puntal, donde durante este verano se han desplegado controles y medidas para impedir el botellón y proteger el entorno natural.

"Resulta difícil de entender la diferencia entre cómo se actúa en unos lugares y en otros", señala el colectivo vecinal, que considera que, mientras en El Puntal se adoptan medidas preventivas, en el centro de Santander se ha terminado por normalizar el consumo de alcohol en la vía pública durante las fiestas.

PIDEN MEDIDAS PARA EVITAR EL BOTELLÓN

Desde la asociación sostienen que no se trata de un episodio aislado, sino de un problema que se repite año tras año durante la Semana Grande y que, a su juicio, es "perfectamente previsible".

En su comunicado, critican que tras cada noche sea necesario movilizar a los equipos de limpieza y a la Policía Local para hacer frente a las consecuencias del botellón, con el consiguiente gasto de recursos públicos, cuando consideran que la situación podría prevenirse con medidas de control.

Por ello, reclaman al Ayuntamiento de Santander actuaciones que permitan compatibilizar la celebración de la Semana Grande con el descanso vecinal y la actividad de los comercios, evitando que quienes viven y trabajan en el centro tengan que soportar cada madrugada las consecuencias del ocio nocturno.